Noche de San Juan

"Cumbres Borrascosas"
Autor: Arga -1er Premio
II Concurso Fotográfico
Rios de Tinta- 2007


En ella. Pensaba en ella mientras abría la chirriante cancela para acceder al sendero forestal. Esa noche, como otras, se obligo a salir de casa para escapar de la desgana y el abatimiento que últimamente le acompañaban a todas horas. Emprendió la marcha con paso apresurado y firme, descargaba así la rabia, la impotencia y la frustración contenidas durante las eternas horas del día que a duras penas lograba esconder bajo las obligaciones cotidianas. Negros nubarrones amenazaban tormenta en su empeño de ponerle abrigo al monte. Tendría tierra, aire y agua. Fuego no, lo perdió hace semanas, cuando un “lo dejamos” rompió la tarde, y mudó unos ojos ardientes en lágrimas de hielo.


En él. Pensaba en él mientras aparcaba el coche a la entrada del parque. Salio de casa silenciosamente, en un vano intento de dejar tras la puerta la congoja que la burlaba por los rincones, se aparecía en los espejos y le empapaba la almohada por las noches. Se adentró en el parque con el andar pausado de quien carga soledades, mezclándose entre la gente y la música festiva; mientras se acercaba a la hoguera percibió el olor a tierra mojada que llegaba del monte. Miró hacia el cielo, esta noche tendría tierra, fuego y agua. Aire no, se lo quitaron hace semanas, cuando un “lo dejamos” rompió la tarde y le dejo un alarido atrapado entre el corazón y el estomago.


Las nubes descargaron generosas su lluvia fresca, aliviando a la tierra, los árboles y el lago de calor acumulado en los días de Junio. El volvía sobre sus pasos por el oscuro camino cuando un perro abandonado salio de entre los árboles buscando su protección y compañía. Observando el aspecto lastimero de aquel animal mojado, se le escapo una mueca a modo de sonrisa, estaba viendo su retrato. Ella regresaba a casa cuando una espesa neblina la sorprendió agradablemente. En un paisaje mágico, pudo imaginarse a hadas y elfos bailando a la orilla del lago y deseó ser para siempre una parte de aquello. Un hermoso lugar para perderse y no sentirse perdida.


El nunca llegó a cerrar la chirriante cancela, ella no regresó jamás de entre la niebla. Unos días mas tarde encontraron sus coches aparcados, apenas les separaban un par de kilómetros. Fue un extraño suceso que conmociono a los lugareños y los tuvo entretenidos en cábalas durante unos cuantos años. Y aún hoy, hay quien dice que, desde entonces, siempre llueve en el pueblo en La Noche de San Juan y se puede ver, como de los restos humeantes de la hoguera se dibuja un abrazo de amantes que asciende hacia el cielo mientras bajo el crepitar de los troncos se escucha el alegre ladrido de un perro.
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Finalista I Concurso Relatos Cortos - Rios de Tinta - 2007

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